Estados Unidos relaja las normas de ahorro de combustible para impulsar los coches de gasolina

El Departamento de Transporte de EEUU ha flexibilizado los estándares de eficiencia energética para priorizar los vehículos de combustión, abaratando la producción pero disparando el consumo.

Línea de producción de automóviles en una factoría de Estados Unidos bajo el nuevo marco normativo de eficiencia energética
Imagen de referencia original sin edición IA. Fuente: Motor.es.

Flexibilización de la eficiencia energética en EEUU

El Departamento de Transporte de Estados Unidos ha aprobado unas normas de ahorro de combustible notablemente menos estrictas, en el marco de la estrategia impulsada por la administración de Donald Trump para fomentar las ventas de vehículos de gasolina y revertir la hoja de ruta medioambiental de su antecesor, Joe Biden. Esta modificación normativa busca flexibilizar los requisitos exigidos a los fabricantes automovilísticos en un contexto marcado por la tensión en los mercados energéticos globales y la escalada de precios en los surtidores.

Bajo el nuevo marco regulador, el Gobierno estadounidense ha fijado un promedio para toda la flota de 14,7 kilómetros por litro (equivalente a unas 34,9 millas por galón o un consumo de 6,74 l/100 km) de cara al año 2031. Esta cifra contrasta de manera significativa con los 21,4 kilómetros por litro (unos 50 mpg o 5,65 l/100 km) que estaban previstos en la planificación inicial aprobada durante el mandato de Biden, la cual contemplaba incrementos anuales de exigencia medioambiental de hasta el 10% para acelerar la transición hacia la electrificación del parque móvil norteamericano.

La decisión oficial se produce en un escenario económico complejo para los consumidores y las cadenas de suministro. Con esta medida, la administración estadounidense pretende eliminar las trabas burocráticas y económicas que, según el actual Ejecutivo, penalizaban la producción nacional de automóviles tradicionales frente a la competencia internacional, en particular la industria automotriz asiática.

Costes de fabricación frente al incremento del consumo

La flexibilización de la normativa eficiencia Biden Trump plantea un escenario dual para la economía y la industria. Por un lado, el Departamento de Transporte calcula que la nueva directriz reducirá los costes de producción en unos 1.289 dólares por cada vehículo nuevo de media, permitiendo un ahorro global estimado en miles de millones de dólares para los principales fabricantes del sector durante el próximo lustro, según apuntan los datos oficiales aportados por el secretario de Transporte, Sean Duffy.

Por otro lado, los informes oficiales advierten sobre las contrapartidas a largo plazo. La relajación en la eficiencia energética vehículos provocará un incremento estimado del consumo de gasolina en Estados Unidos de hasta un 4,6% en el horizonte de 2050 en comparación con la normativa anterior. Asimismo, se prevé un aumento sostenido en las emisiones globales de dióxido de carbono y un sobrecoste acumulado en carburante para los conductores que superará los 1.600 dólares durante la vida útil de los automóviles, coincidiendo además con la crisis de precios en el consumo de gasolina desatada tras el inicio del conflicto en Oriente Medio.

Los analistas del sector apuntan que, si bien el ahorro en la fase de ensamblaje e inversión industrial alivia los balances contables de las marcas a corto plazo, el impacto diferido sobre los costes de repostaje podría neutralizar parte de la ventaja económica inicial percibida por el consumidor final al adquirir un turismo nuevo.

Repercusiones en el mercado y la industria del automóvil

El impacto de esta decisión del Departamento de Transporte se extiende a la estructura comercial de la automoción norteamericana. Uno de los cambios más disruptivos es la decisión de poner fin al sistema de comercio de créditos de emisiones entre fabricantes a partir del año 2028. Hasta ahora, este mecanismo constituía una importante vía de ingresos paralelos para firmas especializadas exclusivamente en la movilidad eléctrica, como Tesla o Rivian, al vender sus excedentes a los consorcios tradicionales.

Por su parte, la Alianza para la Innovación Automovilística —asociación que agrupa a gigantes industriales como General Motors, Toyota, Volkswagen, Hyundai y Ford— ha valorado positivamente la medida al considerar que alinea los requisitos regulatorios con la realidad comercial y la demanda actual del mercado del coche de combustión EEUU. No obstante, el giro normativo aleja aún más los estándares estadounidenses de los exigidos en otras regiones como Europa, abriendo una brecha tecnológica y normativa compleja para los fabricantes globales que operan a ambos lados del Atlántico.

El futuro inmediato del mercado norteamericano dependerá de la evolución de los precios del crudo y de cómo los compradores respondan a una oferta de vehículos de gasolina más económicos en su adquisición pero potencialmente más caros en su mantenimiento operativo diario.

Fuentes consultadas

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